jueves, 15 de noviembre de 2007

ARTÍCULO II

APRENDIZAJE COOPERATIVO

En una escuela basada en la cooperación, todos juntos –los maestros y las maestras, los niños y las niñas, y sus familiares-, además de repartirse el trabajo, forman una “comunidad” en la cual se apoyan dándose ánimos mutuamente, se ayudan unos a otros –es decir, cooperan- hasta el punto que no quedan del todo satisfechos si no consiguen que todos –quien más, quien menos- aprendan hasta el máximo de sus posibilidades...

Una escuela para todos, en la cual todo el mundo se sienta valorado, debe ser, además, una escuela basada en la cooperación, tanto en la cooperación entre los que enseñan en ella –para enseñar mejor y enseñar a cooperar-, como entre los que aprenden en ella –para aprender mejor y aprender a cooperar-.

Este “ambiente de cooperación” es, precisamente, la característica que hace que un grupo de personas que trabajan juntas formen una comunidad, y que un grupo de maestros y estudiantes, y sus padres y familiares, formen una comunidad.

Me resultó muy curiosa la parábola de los gansos, que explica muy claramente lo que debe ser una escuela basada en la cooperación, en el apoyo mutuo, no basado en la rivalidad del profesorado para escoger los grupos o en la competitividad de los alumnos/as intentando ser mejores que los otros.

Paso a copiar literalmente este parábola, me parece interesante que se lea:

“El próximo otoño, cuando veas los gansos dirigiéndose hacia el sur para el invierno, fíjate que vuelan formando una V. Tal vez te interese saber lo que la ciencia ha descubierto acerca del porqué vuelan de esa forma. Se ha comprobado que cuando cada pájaro bate sus alas produce un movimiento en el aire que ayuda al pájaro que va detrás de él volando en V. La bandada completa aumenta por lo menos un 77 por ciento más de su poder que si cada pájaro volara solo. Las personas que comparten una dirección común y tienen sentido de comunidad pueden llegar donde deseen más fácil y rápidamente porque van apoyándose mutuamente.


Cada vez que un ganso se sale de la formación siente inmediatamente la resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de hacerlo solo y rápidamente regresa a su formación para beneficiarse del poder del compañero que va delante. Si nosotros tuviéramos la inteligencia de un ganso nos mantendríamos con aquellos que se dirigen en nuestra misma dirección.
Cuando un líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otro ganso toma su lugar. Obtenemos mejores resultados si tomamos turnos hacia los trabajos más difíciles. Los gansos que van detrás graznan (producen el sonido propio de ellos) para alentar a los que van delante a mantener la velocidad. Una palabra de aliento produce grandes beneficios.
Finalmente, cuando un ganso se enferma o cae herido por un disparo otros dos gansos se salen de la formación y le siguen para ayudarlo y protegerlo. Se quedan acompañándolo hasta que está nuevamente en condiciones de volar o hasta que muere y sólo entonces los dos acompañantes vuelvan a sus bandadas o se unen a otro grupo. Si nosotros tuviéramos la inteligencia de un ganso nos mantendríamos uno al lado del otro apoyándonos y acompañándonos.”

El aprendizaje cooperativo es una forma de entender la educación desde una perspectiva comunitaria y no individualista, rompe con la tendencia a la sociedad, cada vez más despersonalizada, en la que las personas son sólo números aislados.

En el aprendizaje cooperativo es necesario estructurar las clases en grupos de trabajo, se cooperan para aprender y aprenden a cooperar, es importante aprender a trabajar en equipo.

1 comentario:

Susana Fraile dijo...

Lucrecia:
Me ha encantado la metáfora de los gansos. Los seres humanos, en ocasiones, fundamentamos tanto nuestro comportamiento en el razonamiento y la teoría, que olvidamos combinarlo con los instintos y la emotividad como elementos que podrían guiar no sólo la convivencia, sino nuestro propio devenir en esta vida.
Un saludo.
Susana Fraile.